Distancia recorrida: 19 km.
Desnivel acumulado: 1300 m.
Nuestra más calurosa bienvenida a Victoria y Manuel de Rincón que por diversas circunstancias han estado apartados de las caminatas, que no del grupo, durante un tiempo que se nos ha hecho largo. A ver si algún otro tullido, de nombre Cayetano para más señas, se anima a volver al redil.
Desayuno en el acostumbrado bar de Ojén con excelente pan aunque con rebanadas demasiado chicas.
Día nublado, con chaparroncillos intermitentes durante el viaje que hacían presagiar un día más bien feo y desabrido. No nos hizo retroceder el tiempo, sino que con excelente ánimo nos pusimos en marcha por la sendita que arranca al lado del aparcamiento de la fuente y va rodeando el amplio valle del pueblo Ojén. Es este uno de los tantos parajes bonitos que la excursión depara: la gran depresión en la que se asientan las huertecillas tradicionales del pueblo, rodeadas de acantilados con cuevecillas y con el rumor del riachuelo Almadán que allí mismo nace.
Subimos por la cañada de la Ermita y el túnel que atraviesa la carretera del Arco puso la primera nota curiosa ya que los caminantes que no lo conocían no se esperaban un túnel tan largo y tan oscuro. Al salir de él los garbancillos y herguenes floridos nos dieron la bienvenida a la frondosa vegetación de la cañada con sus pinos resineros y carrascos, lentiscos, algarrobos, palmitos y mirtos.
Comenzó una lluvia rala pero constante que nos hizo sacar los impermeables y como la mañana era muy cálida, los impermeables nos evitaban la lluvia pero nos mojaban con el sudor, así que con o sin impermeable llegamos empapados al rezumadero que llaman fuente del Tío Robles.
Ya sin lluvia subimos al llano del Juanar y lo atravesamos, pero en el pinar que precede a la separación de caminos a la Concha y a Istán ya goteaba de nuevo. Dos horas hasta la Concha anuncia un indicador de madera en la separación de los caminos pero hay que echarle casi otra más.
La pedregosa senda por las crestas desde el puerto del Juanar resultó peligrosa porque con la lluvia las piedras estaban muy resbaladizas y más de un culetazo provocaron en el grupo. Ese peligro hizo renunciar a llegar a La Concha a un par de caminantes y a un nutrido grupo de domingueros. Nosotros proseguimos extremando las precauciones. Pasamos con sumo cuidado los acantilados del salto del Lobo y el riesgo de resbalar restó el disfrute de este precioso paraje. Esa umbría es muy rica en flores pero este año sólo tenía algún narciso y botón de oro.
Se levanto un viento bastante potente que nos hizo abrigarnos pero sirvió para alejar la lluvia y secar las piedras facilitando la caminata sobre todo en la cresta entre el cerro del Lastonar y la Concha. Con el viento es preferible utilizar la sendita que hay en la ladera norte de esa cresta: dejas de disfrutar de las vistas pero evitas el vendaval.
Cerca ya del repecho de la Concha descubrimos las primeras orquídeas, un par Orchis collina raquíticas y escuchimizadas. No es este su mejor año.
En la Concha estuvimos poco porque el viento molestaba lo suyo y las nubes y la niebla impedían disfrutar de esa maravillosa atalaya, así que después de las fotos de rigor emprendimos el regreso.
El viento amainaba y llegó a desaparecer lo que nos permitió almorzar confortablemente en el llanito del collado una vez pasado el cerro del Salto del Lobo. El rato del almuerzo tan agradable como siempre. Manuel de Rincón vino cargado con nuevos chistecillos y chascarrillos y para terminar Luci había hecho un enorme flan que adornó con melocotón en almíbar y piña. ¡¡¡Menudo postre!!! Con razón se propuso que nos dejáramos de caminatas y fuésemos los sábados directamente a almorzar.
Claro, con toda la comida y ese postre llegamos al pie de la Cruz del Juanar y todo el mundo aceptó como lo más natural subir a él; nadie rebló. La vista desde la Cruz es una de las más bonitas de la montaña malagueña, sobre todo por ver ese valle del Juanar rodeado de montañas por todas partes y con los olivos alineados. El descenso se hizo durillo, pero luego descansamos en el carril del olivar y encaramos con renovadas fuerzas la bajada a Ojén por el valle que lleva al Cerezal.
Ojén nos recibió con su acogedor caserío blanco y el verde de sus huertas después de un día que hicimos magnífico aunque el tiempo no acompañara.
Astragalus lusitanicus
Lola D. y Manuel sendero arriba
Jesús y la niebla
Subiendo al borde de la cresta
Llegando a La Concha
Grupo en La Concha
Bajando
Cresta y sendero hacia La Concha
Bajando hacia El Juanar
En la Cruz del Juanar
Allium triquetum - Lágrimas de la Virgen
Ophrys scolopax
Vinos






