




10 de marzo, sierra de Camarolo
Buen día, buena disposición, y siguiendo con la idea que habíamos hablado el sábado anterior, nos organizamos para el Camarolo. El punto de encuentro para el desayuno, en un hotel frente a Casabermeja, en el cruce con la carretera a Colmenar. Allí nos juntamos trece más uno: Jesús, Luis, Nori, Fali, Ricardo, Paco Hernando, Paco Ponferrada, Lola Valle, María Victoria, Pepe Ranea, Miguel Angel, Jerónimo, Carlos y Manuel. Un buen manojillo.
Camino de Colmenar, frente a una antigua fuente cerca de la base de la Peña Negra, hoy seca, dejamos los coches y comenzamos a subir monte a través, saltando alambradas, una tras otra, mientras que Jerónimo iba vendimiando los espárragos que se le ponían por delante y los que no.
Superadas las primeras lomas, accedimos a un carril que nos descansó un buen trecho, hasta que nos encaminamos a una cañada muy pendiente, por cuya vertiente ascendimos hasta una gran llanura en forma de valle, antigua dolina, en donde se asientan en círculo casi cerrado grandes elevaciones; a una de las cuales, el cerro de la Cruz, con algo más de 1.500 m, subimos para celebrar allí el Angelus. Las vistas muy bonitas, con el Chamizo, la Maroma al fondo, la sierra de Las Cabras, Villanueva del Rosario…En la base de la Cruz vimos, según aclaró Jesús, el mayor y mejor conservado pozo de nieve de la provincia, que tendrá, como poco, un par de siglos.
A la bajada, Jesús se dobló ligeramente un pié al pisar una de las innumerables rocas por las que teníamos que pasar. El pequeño esguince le fue molestando cada vez más, por lo que Fali, nuestro ATS de campaña, le puso una venda, para facilitarle el recorrido hasta el final.
Camino de vuelta, continuamos la dirección del valle-dolina en sentido hacia el sur, por donde infinidad de rezumaderos de los canchales de los montes colindantes, van formando charcos que, poco a poco, generan un hilillo de corriente de agua, dando lugar al nacimiento del río Guadalmedina. En esta dirección fuimos bajando, girando hacia poniente y atravesando, constantemente, alambradas que tuvimos que saltar una tras otra. Más de uno pensó en disponer de la oportuna herramienta facilitadora para la próxima ocasión. Así llegamos a una enorme pradera repleta de grandes y preciosos narcisos amarillos y algunos manojillos de blancos, algo más pequeños. Dado que había sombra suficiente con enormes encinas, decidimos parar a comer. El variado menú, habitual en este grupo, con su degustación de ricos caldos, nos hizo pasar un agradable y reconfortante rato, amenizado con la explicación de nuestro Ricardito, debidamente atendido, de cómo y a que hora elabora y tuesta las exquisitas almendras con que nos regala a los postres. Dicho quedó que, de doce a doce y veinticinco de la noche del viernes, dada su particular situación personal, tuesta, sin otro pito que componer y con gran primor, su ración de almendras marconas en honor y reconocimiento del grupo. Hecho este de gran importancia y mérito, manifestado por los allí presentes, de tal guisa, que como muestra de agradecimiento colectivo, se concluyó que, en ese segmento horario del viernes, no sería de recibo, para los allí presentes, hacer otra cosa que no fuera el recuerdo para Ricardito y a tan singular dedicación. Tras las correspondientes siestas de más de uno, pues el tapiz verde el suelo llamaba a ello, continuamos la marcha.
El giro hacia la cara sur de la Peña Negra, nos deparó una vista preciosa de casi toda la Axarquía: Comares, Canillas de Aceituno, Sedella, Salares, Cómpeta, Periana, Riogordo, Colmenar, Vélez Málaga y el mar, los montes de Málaga con el Santopitar y monte de la Reina…Posiblemente la vista más extensa y preciosa de gran parte de la Axarquía. Algo después apareció Casabermeja y la carretera de las Pedrizas.
Pasadas un par de alambradas más, salimos de nuevo a la carretera a la altura de la Peña Negra y cerca de los coches.
Al final del recorrido y colgados de las paredes, vimos a algunos grupos de escaladores y vías de escalada asentadas en las enormes paredes del macizo pedregoso del entorno de Peña Negra.
Si no hubiera sido por tanta valla incordiante, la ruta hubiera sido perfecta.