6 de noviembre de 2011

Salida día 12 de Noviembre: Por los castañares del Alto Genal

 Castañares del Genal. 12 de noviembre de 2011
Igualeja – Parauta – Cartajima – Júzcar – Pujerra

Participantes: Manuel de Nerja, Fali, Eric, Brice, Mª Carmen, Carlos, Luci, Paco, Ricardo, Victoria, Paula, Jesús, Lola Díaz, Miguel de los Contenedores, Paco Ponferrada, Pili, Ana, Jerónimo y Teresa.

Distancia recorrida: 19 km.
Desnivel: 1.070 m.

Track de la ruta

Vídeo de la salida

¡Qué nivel de participación! Se ve que los castañares tienen mucha más aceptación que los recorridos por la Tejeda-Almijara. A este paso tenemos que contratar un autobús.

Es obligado dar la bienvenida a Miguel, Pili y Teresa por volver al grupo después de prolongadas ausencias (unas más que otro) y a Brice, Eric, Luci, Paco y Mari Carmen por su primera caminata con la Vinoteca. (Perdón Brice y Eric por los errores al escribir vuestro nombre).

El desayuno en el Navasillo con el nivel acostumbrado aunque un poco lento porque estaba lleno hasta la bandera. Claro, nosotros contribuimos en buena medida a ese llenazo matutino.

Conforme nos íbamos acercando a Igualeja los castañares nos daban la bienvenida con sus mejores colores otoñales. Sin duda habíamos elegido el fin de semana más adecuado.

En el nacimiento de Igualeja salimos unos en dirección a Parauta mientras otros fueron a dejar unos coches en Pujerra para evitar volver por la carretera entre ambos pueblos.

Nada más salir de Igualeja entramos en el bosque de castaños y nos sumergimos en ese mundo de colores cambiantes que va desde el verde, al marrón, al rojo, al amarillo y a sus infinitas mezclas. La vista pasa de un castaño a otro, de un contraluz a una silueta recortada contra el cielo, de una ramita amarillita, casi sin hojas, a otra de un verde aún pujante…Está además el suelo, cubierto con esa alfombra de hojas recién caídas, mullido con las últimas lluvias, en el que asoman los brotecitos verdes las primeras hierbecillas después de la larga canícula. Y qué decir de esos troncos añosos, casi descortezados, unos enseñando las raíces como patas de una enorme araña, otros agujereados sosteniéndose prácticamente en la corteza.

Y queda aún el entorno, esa mezcla entre rojo y amarillo de los castaños contrastando con el verde oscuro de los encinares y quejigales, esa enorme masa de árboles en contraposición a la desnudez de la blanca caliza que los rodea, esos pueblecillos blancos, inmaculados, brillantes, presentes en todo el recorrido, sobre todo Cartajima y Pujerra, y todo ello bajo ese azul tan limpio y luminoso que deja en el cielo la lluvia reciente.

Ni que decir tiene que todo el grupo estábamos encantados en ese ambiente casi irreal que se crea en los castañares en otoño. Por si fuera poco, Parauta nos recibió con una panda de verdiales y gente festiva que iba tras ellos. Naturalmente Jerónimo enseguida nos sacó de ese bullicio. No va con él. Y como era quien dirigía la panda de caminantes, pues dejamos a la de los verdiales con su música, aunque algunos hubiéramos querido escucharla un poco más. Cartajima en cambio estaba tranquila, serena, como debe ser el ambiente habitual del pueblo. Llegamos después a la insólita Júzcar toda pintada de azul y rebosante de gente entre los tenderetes de camisetas y objetos relacionados con los pitufos. Menudo negocio se ha montado con la peliculita.

Desde Júzcar empezaron a menudear los toques de atención a Jerónimo para parar a comer. No habíamos hecho el Ángelus y la energía de la tostada con aceite mañanera estaba ya más que consumida. Bueno, pues dijo que comeríamos en el río…y al río que fuimos. Como era de esperar la orilla derecha del río estaba llena de árboles y zarzas sin espacio alguno y menos para una parvada de gente como la que íbamos. Después de equilibrios y remojones pasando el río llegamos a la orilla izquierda que estaba igual. Así que cogimos los bártulos y después de probar dos o tres lugares nos asentamos a 500 m del río. Para eso podíamos haber parado una hora antes a la salida de Júzcar.

La comida perfecta, como siempre, el vino justito y el té escaso. Lástima del termo de Pilar, hubiera venido de maravilla.

Con la panza llena y la mochila vacía subimos el repecho que nos quedaba hasta Pujerra, no sin antes admirar la cascada del arroyo de la Hiedra ¿Habrá algún rincón que Jerónimo no conozca?

Una excursión inolvidable y unas senditas entre Júzcar y Pujerra preciosas. Esa parte, poco conocida, la tenemos que explorar. Lástima que un miembro de la Vinoteca, aficionado al vídeo, que vive en Pedregalejo por más señas, no viniese porque hubiera hecho un reportaje magnífico. Pocas veces hemos cogido los castañares tan a punto.

 Jerónimo, pero otro día, danos de comer antes.

 
Comienzo de la ruta en Igualeja

Loma cubierta de castaños

En medio del camino

Manuel D. entre castaños

Cuesta arriba hacia Parauta

Cartajima

Cruzando el Arroyo Algorma

Castaños alineados

Gran tronco de castaño

Castaños bajo los Riscos

Caminando bajo luces doradas

Entrando en Júzcar

Júzcar... raro, raro.

Cruzando el Río Genal

La comida

Grupo al completo

Bosque mediterráneo

 
Chorrera de la Hiedra

Llegando a Pujerra...

con los últimos rayos de sol

Vinos

30 de octubre de 2011

Salida día 5 de Noviembre: Otoño en la cara Norte de la Maroma

Robledal alto-Don Abuelo-La Maroma-Collado Lobera-Robledal Alto. 5 de noviembre de 2011.


Participantes: Manuel de Nerja, Fali, Carlos, Antonio Fornes, Ricardo, Jesús, Jerónimo, Ana, Paco Ponferrada, Miguel de Alhaurín y la Pulgui.

Distancia: 18 km.
Desnivel: 1.150 m.

Vídeo de la salida

Track de la ruta en Wikiloc

Desde que amaneció la Maroma se mostraba cubierta de un enorme nubarrón negro que no auguraba nada bueno. Además la tarde anterior había asomado su cima nevada entre las nubes. Pensamos que nos aguardaría lluvia siguiendo la tónica del jueves y viernes, pero como la predicción era de muy poca o nada de lluvia decidimos continuar con el plan e ir hacia el nubarrón.

Partimos con una mañana fresquita por el precioso encinar entre el Robledal Alto y los Barracones. La lluvia había dejado el aire limpio, olor a tierra mojada y la música del arroyo de los Presillejos que llevaba un buen chorro de agua.

Atravesamos los Barracones sin detenernos para no perder el calor de la caminata y nos metimos en el pinar y luego en la niebla que no era tan espesa como se preveía desde abajo. Perdimos las vistas de la llanura de Zafarraya y las del mirador de Ben pero ganamos el contraste de los arces otoñales con los pinos.

Con el buen ritmo que llevábamos, la senda marcada de azul y limpia en el arroyo hacia el Selladero, y sin hacer paraditas, llegamos enseguida al collado del Selladero. Manuel puso un “way point” allí por si acaso y nos metimos en la niebla buscando el collado de Don Abuelo. En él, al abrigo de unas rocas hicimos el Ángelus con 2ºC, y pusimos otro “way point” pero cuando salimos a la cresta y comenzamos a ascender por la ladera Oeste, el viento del Noroeste nos comenzó a castigar con dureza, la temperatura bajó a 0ºC, la nieve estaba helada, casi no nos veíamos con la niebla y todo el mundo se puso toda la ropa que llevaba para afrontar como fuera la friolera que se nos venía encima.

Y así fue todo el camino hasta que hora y media después, bajando de La Maroma hacia la Tacita, la misma Maroma nos protegió del vendaval helado. Los Prados de Arena estaban cubiertos de agua y hielo, irreconocibles, los agracejos y los lastones cubiertos con hielo formando banderolas, preciosos, pero el frío era tal que Carlos decía que no los fotografiaba porque las manos no le respondían para manipular la cámara. En cambio Ana estaba contentísima porque no había visto nunca antes ese paisaje glacial. Llegamos al monolito de la Maroma gracias al empeño de Fali después de recorrer toda la paramera que lo rodea. Los bigotes de Paco y Miguel con churretones de hielo, lo mismo que las cejas de la Pulgui, lo poco de la cara que dejábamos al aire completamente helado, las manos sin movimiento, en fin, que nos imaginamos perfectamente cómo lo pasaron los exploradores de los polos.

No nos acercamos a la Tacita de Plata sino que bajamos directamente buscando Collado Lobera y en el mismo collado, en la hondonada que hay detrás nos metimos a comer un poco protegidos del vendaval. Allí acabamos de quedarnos completamente helados con 2ºC de temperatura y los remolinos de viento que se nos metían en los huesos. Fue de los pocos días que no disfrutamos de ese momento nuestro tan especial que es la comida. Aún Ricardo tuvo el buen humor de meterse conmigo por haber comprado sólo mi barra de pan cuando él había estado en la puerta de la panadería igual que yo.

Naturalmente la comida fue rápida, rápido el descenso y rápidas las paraditas a tomar fotos de los arces entre el pinar en el valle de los Presillejos. Señalar que de Peña Sol salía un chorrazo de agua formando el regato ese que riega al tejo abuelo. De la senda principal bajamos a los Barracones por recordar esa sendita que está muy bien trazada. Y para terminar en los Barracones se nos puso a llover hasta el coche. Aligeramos el paso y a las 4.30 ya estábamos de vuelta.

Un día que pasamos gracias al buen humor y al empuje que nos caracteriza, pero sin ningún deseo de repetir ese calvario helado.


Parada de reagrupamiento

Arce

La senda se viste de otoño

Hacia la niebla

Colores otoñales

Por el Donabuelo

P'arriba hacia la cumbre

Plumas de hielo

Más plumas de hielo

Frío, mucho frío

Congelados

Los Prados de Arena

Esta vez, de hielo y agua

Hacia el vértice geodésico, sin perder el norte, pero juntitos por si acaso

Llegando a la Maroma

Comida helada

Por el Tajo del Salto del Caballo

Bajando del Salto del Caballo

Barranco de Presillejos

Vinos otoñales

23 de octubre de 2011

Salida día 29 de Octubre: El Huma por Gobantes

Distancia recorrida: Unos 15 kilómetros.
Desnivel acumulado: Manuel me lo comentó, pero no me acuerdo.

Empezamos a andar a eso de las nueve y media. La mañana fresquita, con un suave viento del norte que arreciaría a lo largo de la jornada.
La Huma y el Capilla estaban cubiertos por un espeso manto de nubes, que tal como preveímos, desapareció a lo largo de la mañana.

Comenzando a caminar

Después de abandonar los coches, nos dirigimos por un carril, rodeados por un frondoso bosque de sabinas, hacia el Puerto de Ramos, desde donde cogimos por otro carrilillo, hacia una zona de despegue de parapentes. A partir de aquí, campo a través cuesta arriba hacia el Paso del Tajo de los Cabritos, que desde abajo se nos hacía imposible de pasar, por lo menos para mí.

Tajo del Pto. de Ramos

Covacha en el Tajo de los Cabritos

Ya arriba, el paso resultó más ancho y fácil de lo que parecía, aunque eso no quitaba del todo el vértigo si dirigíamos la vista hacia el pantano, pues la caída era espectacular.

Paso por el Tajo de los Cabritos

Nada más pasada la cornisa del Paso del Tajo de los Cabritos, nos metimos de lleno en Sierra Llana, un inmenso lapiaz por el que tiramos por donde bien pudimos y que de llano tiene más bien poco.

Andando por Sierra Llana

Llegados al camino de Sª Llana hicimos un alto para hacer el Ángelus y consultar los mapas, los industriales y aquellos algo más artesanales.

Mapas

Llegados bajo el Tajo de Ballesteros, lo subimos, unos rodeándolo y Ricardo metiendo la directa. Aquí no nos entendimos con las indicaciones, pero nos volvimos a encontrar arriba, en medio de un torcalillo por el que fuimos buscando los senderos de las cabras.

Torcalillo

Ricardo saliendo por el Tajo Ballesteros

"Paseando" por Sierra Llana

Llegados a un punto, no nos quedó más remedio que tirar p'abajo, como bien se pudo, entre las piedras, las aulagas y las sabinas, con una pendiente más que considerable, pero que salvamos sin mayor problema, hasta llegar a una alambrada que nos separaba del carril del Puerto Pizarro.
Pasado el Puerto, por donde nos hicimos la foto de grupo, enfilamos hacia la Huma por su cara norte, entre un pinar de repoblación. Llegados a un carril que recorre el pinar y vista la hora, decidimos dejar las prisas y la Huma para otro momento, y pararnos a comer más relajados.

Grupo

La comida, como siempre, estupenda, y en un "restaurante" con una de las mejores vistas que de los pantanos del Chorro se pueda tener, rodeados de Tajos por todos lados.

Paco por las peñas

Tras la comida, unos cuantos bajamos hasta un picacho que se veía cerca y que resultó por su otra cara un enorme tajo sobre el carril que baja hasta el Cortijo del Madroño.
Hechas las fotos de rigor, nos fuimos hacia arriba, juntándonos de nuevo todos en el Pto. de Pizarro.

Cara Oeste de la Huma, con el Tajo del Estudiante

Por el Tajo de la Zorra

Desde el Pto. de Pizarro, cogimos el carril, que por el Tajo de la Zorra, nos llevó, tras unos seis kilómetros,  hasta los coches, disfrutando por el camino del vuelo de los parapentes  sobre el Pico Capilla.

Parapentes sobre el Pico Capilla

Vinos