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15 de julio de 2012

Salida 21 de julio: Ladera Norte de El Veleta - Barrancos de S. Juan y del Guarnón

Hoya de la Mora-San Juan-Guarnón-Posiciones del Veleta-Hoya de la Mora. 21-7-12


Distancia recorrida: 13 Kms.

Desnivel de subida acumulado: Unos 950 metros.

Participantes: Jerónimo, Ana, Lola Valle, Paco Ponferrada, Fali, Miguel, Manuel de Nerja, Ricardo, Luci, Jesús, Antonio Muñoz y Javier Sánchez

Desayuno en el bar El Mirador, en la carretera de Granada a la Sierra.

Cada vez hay más gente en la Sierra o nosotros llegamos más tarde porque el aparcamiento de la Hoya de la Mora estaba ya casi lleno.

Salimos por el depósito del agua de los albergues, siguiendo la conducción del agua por debajo del viejo observatorio de los Jesuitas, hoy de la Universidad. La senda muy llanamente nos introdujo en el valle del San Juan.

Pronto nos dividimos. Unos siguieron llaneando y pasaron de la margen izquierda del valle a la derecha. Otros, guiados por Antonio, descendimos a un peñasco en el que crecía un escuálido Sorbus hybrida a unos 4 m de altura en la misma roca. El arbustillo ya no podía estar más escondido. Y, claro, uno se pregunta si habrá algún matojo de la Sierra que Antonio no tenga debidamente cartografiado en su memoria. Tenía la particularidad de que crecía a 2500 m de altitud cuando los libros lo dan como máximo a 2000. Descendimos al San Juan a un enclave húmedo, con su cascadita, que resultó un paraíso botánico con Gentianella, Pedicularis, Criptogamma, Murbeckiella, Saxifraga stellaris…Con estas novedades ya podíamos darnos por satisfechos, y contentos fuimos a reunirnos con el resto del grupo junto a un par de laguitos casi colmatados.

El grupo emprendió la subida a la margen derecha del San Juan, monte a través, siempre detrás de Antonio, que nos guió directamente a dar vistas al Guarnón por los Majanos, el paso tradicional del ganado entre uno y otro valle. La vista al Sureste desde los Majanos es sobrecogedora, con el valle del Guarnón allá abajo, constreñido por empinadísimas laderas, con la pelada Loma del Lanchar, con las crestas de los tresmiles recortadas contra el azul del cielo y presidiendo la escena, la Alcazaba y el Mulhacén.

Descendimos por un veredón y luego por el canchal llegamos a los Tajos del Campanario con otra vista tan impresionante como la de los Majanos pero aquí eran el cerro de los Machos y el Veleta los que presidían. En esos Tajos crece una Centaurea, seguramente la ornata, que es bastante común, pero los libros la dan hasta 1750 m y aquí vegeta perfectamente a unos 2400.

Descendimos primero y llaneamos después para no perder altura hasta dar con el Guarnón y deleitarnos con sus frescas aguas. Subimos en dirección al Veleta y en un roquedo rodeado de borreguil había un par de helechos muy raros: Polypodium vulgare y Polystichum lonchitis que se completaron con un tercero, Botrychum lunaria y con las gentianas boyri y pneumonanthe. ¿Qué mas rarezas se pueden pedir en unas horas de excursión?

Ya cerca del Corral del Veleta tuvimos que quitarle a Ricardo la idea de subir al cerro de los Machos y al Veleta. El recuerdo de la excursión de los Alayos nos hizo ser prudentes y cambiar 3 horas de dura caminata por una comida tranquila junto a un manantial que salía de la base de un enorme pedrusco en el Corral del Veleta. El agua manaba a 2ºC así que el vino se nos enfrió demasiado y luego tuvimos que ponerlo al sol.

Magníficas viandas, magníficos vinos y postres y magnífico ambiente al amparo del poderoso Veleta. En ningún restaurante hubiéramos comido mejor y, sobre todo, más a gusto.

Nos quedaba después ascender a las Posiciones y descender pausadamente, disfrutando de la conversación, hasta la Hoya de la Mora. Llegamos a las 6 de la tarde y creo que todos nos felicitamos por haber dejado los Machos y el Veleta para otra ocasión.

Día precioso, sin una nube, con un poco de viento para aliviar el sudor y una temperatura estupenda. Un excursión para recordar, especialmente por los que nos gustan las plantas.

Nunca apreciaremos bastante la suerte de ser guiados por Antonio y Javier.


Comenzando la marcha hacia el Bco. de San Juan

Eumigus rubioi

Borreguiles en el Bco. de San Juan

Vistas a los tresmiles: Alcazaba y Mulhacén

Parada en el camino entre los dos barrancos

Bajando por una vereda al borde de los tajos

Descanso

Grupo con vistas a Los Machos y El Veleta

Bajando por otra vereda colgada

Aconitum vulparia - Acónito

Chorrera

Subiendo por el Bco. del Guarnón

Barranco del Guarnón

Rocas

El Veredón

El Corral del Veleta

Veta Grande. Al fondo, Alcazaba y Mulhacén

Erygium glaciale - Cardo azul

Vinos en la nevera, casi congelador

17 de junio de 2012

Salida día 23 de Junio: Los Alayos de Dílar


Participantes: Antonio y Fina, Javier y Pili, Jerónimo, Paco Ponferrada, Enrique, Ricardo, Jesús, María y Miguel Ángel, Margarita y Jesús.

Distancia recorrida: unos 25 km.
Desnivel acumulado: unos 1350 m

Desayuno en la cafetería Benidorm de la Zubia a las 8.15. Barritas de pan regular pero bien tostadas.

Era el día más largo del año, entraba el verano y Antonio Muñoz nos había preparado una ruta al consonante, una ruta larga con mucho sube y baja y soleadita. Y eso que dice que nos quiere bien.

Salimos del collado Sevilla por la vereda que toma la Cuerda del Trevenque para luego pasar a la ladera Sur de la Cuerda y descender al barranco del Búho. En los arenales del barranco, al abrigo de la posible brisa, ya se notaba el calorín que anunciaba un día fuerte de calor. Pasamos el collado de la Esfinge y de él al de Chaquetas dando vistas al río Dílar y a las cumbres más altas de la sierra.

En la majada debajo del collado nos refrescamos en la fuente y rellenamos las cantimploras que ya iban mediadas. Bajamos tras el rebaño de cabras al río por una vereda casi destrozada por ellas y nos metimos en el delicioso robledal del Dílar por esa veredita que asciende lentamente, cruzada por algunos arroyitos que nos brindaron unos enclaves especiales para las plantas.

La veredita se une a la que viene del collado del Pino debajo de los Castillejos. Iniciamos la subida a los Castillejos monte a través por una ladera que se iba empinando conforme ascendíamos, sin árboles que nos protegieran de la solanera, a la una y media, cuando el sol caía sin piedad, con 30ºC a la sombra y 40 al sol. Entre los primeros que coronaron la cima y los últimos hubo más de media hora de diferencia.

Desde los Castillejos divisamos la ruta a seguir con toda su crudeza: una cuerda de picachos en sube y baja, flanqueados por acantilados complicados. Antonio nos señaló con su ejemplo la senda a seguir, continuar por donde mejor te parecía y menos riesgo de resbalones había. Y hacia el Este nos encaminamos por esos andurriales de cabras, agarrándonos a los peñascos, en un sube y baja que mermó notablemente las pocas fuerzas que algunos teníamos a esas alturas. Pasamos por el Sur del Tajo Blanco y del Corazón de la Sandía mientras que los más voluntariosos y potentes hicieron cumbre en ellos.

En el collado del Corazón de la Sandía nos reunimos todos bajo la escasa sombra de unas escuálidas encinillas, todos quejándonos de la solanera, con poca agua, que más que refrescar quemaba en los resecos gaznates y con algunos síntomas de deshidratación.

Bajamos por la cuerda buscando el Erodium astragaloides, pero las matas que vimos todas estaban ya con fruto bien desarrollado. En el collado al final de la cuerda nos metimos de nuevo monte a través bajando por la ladera Norte a buscar la senda que iba 50 m por debajo. La gayuba nos ayudó a bajar. Un poco antes del cruce de nuestra senda con la que va hacia Juana Benítez, María, Margarita, Miguel Ángel y Jesús se despidieron porque querían llegar a las 5.30 a los coches; no creo que llegaran antes de las 7. Eran las 4.30 y los demás nos sentamos más que a comer a descansar e intentar reponer fuerzas de las que tan faltos estábamos algunos.

En teoría lo que nos quedaba era tomar la senda hacia el Oeste, remontar a un colladillo y ya el río estaría cerca. Renqueando y con paradas subimos al colladito, pero desde él la senda continuaba con un sube y baja, más o menos a la misma altura, pero sin intención de descender al río. Pasamos el barranco de Juana Benítez y según Antonio nos quedaba subir una “tachuelilla” y ya bajar al río. La “tachuelilla” resultó ser una subidita de 100 m de desnivel. Menos mal que Antonio cogió la mochila de Fina y Paco y Enrique la mía sino ni ella ni yo remontamos la cuesta. Arriba nos reagrupamos y apuramos la poquita agua y ardiente que nos quedaba, con las caras largas y síntomas de deshidratación en la mayoría. Cómo iríamos que en esa paradita Javier olvidó su gorra y Jerónimo su bastón.

La senda se toma con calma el descenso al río y da vueltas y revueltas en un ir y venir que se nos hizo eterno, pero al final allí estaba el tan esperado y deseado Dílar. Y no defraudó nuestras expectativas. En la orilla del río salía un potente manantial con agua a 9ºC que nos iba resucitando conforme pasaba por la garganta y llegaba al estómago. El que menos bebió trasegó más de un litro. Nos refrescamos con calma en el río y a la vez que nos quitábamos el calor las caras comenzaban a sonreír y la conversación alegre y jocosa que es la tónica de nuestro grupo volvió a fluir espontáneamente.

No sé el rato que pasamos en el río, nos lo tomamos con calma, pero de allí salimos resucitados para afrontar los últimos kilómetros hasta en collado Sevilla. Y esos ya los disfrutamos plenamente. A nuestra izquierda teníamos la enorme ladera de los Alayos que tanto esfuerzo nos había costado cruzar. Ahora se la veía bonita y atractiva, con las barranqueras que tenían la senda casi destrozada, incluso parcialmente cubierta de pinos, de esos potentes pinos resineros añosos de la variedad acutisquama típica de Sierra Nevada.

Llegamos a los coches a las 9.30, contentos y alegres por haber terminado ese recorrido tan duro. Además nos enteramos de que España iba ganando a Francia por 1 a 0.

Doce horas en la senda, bajo un sol de justicia, y lo peor, con poca agua y deshidratados. Un recorrido bonito pero no para el primer día del verano.

Lecciones de geología

Zygaena

Lobelusia pulsatilloides

Lonicera splendens - Madreselva

Erodium boissieri

Polygala boissieri

Llegando al Río Dílar

Río Dílar y Puntal de los Mecheros

Mariposas - Euphydryas aurinia

Los Castillejos desde el robledal del Dílar

Nemoptera bipenis

Papilio machaon - Macaón

Grupo en Los Castillejos

Cresteando por Los Alayos de Dílar

Picachos ruiniformes

Hacia el Corazón de la Sandía

Vistas al Valle del Dílar con el Trevenque al fondo

Por la senda de bajada al río

A los pies de Tajo Blanco

Y el Dílar nos pareció el paraíso

Insecto palo

Cruzando el Barranco del Búho al atardecer

16 de enero de 2012

Salida día 21 de Enero: El Trevenque

Trevenque y alrededores. 21 de enero de 2012


Participantes: Ana, Paco Ponferrada, Lola Valle, Paco Zambrana, Mª Carmen, Paco Ruiz de Vélez, Luci, Ricardo David, Carlos, Jerónimo, Antonio Fornes, Fali, Jesús, Ignacio Escobar y Antonio Muñoz.

Desnivel ≈ 900 m
Distancia ≈ 20 Km.

Vídeo de la salida:



Recibir de nuevo en el grupo a Mª Carmen (que se tiene que entrenar más), a David y a Ignacio. Agradecer a Antonio su magnífica labor guiando al grupo
Desayunamos en la cafetería Benidorm de La Zubia, a las 8.15, hora que abrían la cafetería y salimos con dirección a Cumbre Verdes y al Canal de la Espartera.
Antes de llegar al canal ya había bastante nieve y el último repecho al aparcamiento del canal estaba helado.
Comenzamos sobre las 9,30, a 2,5 ºC, pero sin viento y con un sol magnífico. Toda la Sierra refulgía de blancura. Echamos por el camino de la Dehesa, senda en algunos puntos desaparecida por la construcción de un carril para una urbanización que, afortunadamente, no se llegó a construir en la finca Rosales.
Pasamos por el mirador del Trevenque y continuamos el carril que sube con suavidad y en algunos puntos marca la divisoria entre el Dílar y el Monachil. Donde termina el carril está el collado de la Esfinge a la derecha, más abajo, y a la izquierda parte una senda de montañero que se acerca muy empinada al roquedo de lo alto del Trevenque, lo sortea por la derecha, pasa al Sureste y termina la ascensión. El Trevenque es un nido de águilas, aislado, con grandes repechos por cualquier parte que se mire y con unas magníficas vistas panorámicas sobre los 4 puntos cardinales. En días con nieve la vista de la parte alta de la Sierra es inolvidable.
Descendimos por el Este hacia el collado Martín y por el carril bajamos hacia la Cortijuela, entre magníficos Pinus silvestris autóctonos entre los que aparecen algunos tejos. En la Cortijuela un ejemplar de Larix decidua, alerce europeo, única conífera europea que pierde la hoja en invierno, y una hermosa fuente.
De la Cortijuela subimos por encima de los acantilados rojos a dar vistas al Monachil. La nieve estaba casi sin hollar, arremolinada en algunos sitios y era costoso caminar. Por la cresta nos acercamos hacia el Picacho (no sé si se llama así), que está al Norte del Pico de la Carne, lo rodeamos por su base dando vistas al Sur y de allí continuamos descendiendo por el bosque de pinos hacia el puente de los Siete Ojos y a los coches.
Día magnífico, soleado, sin viento, excelente aunque con la temperatura entre 2 y 9ºC, y en alguna umbría cerca de 1ºC.
Para terminar tomamos café con Javier y Pili y nos llevamos de regalo un hermoso libro de la Mariposas Diurnas de Sierra Nevada.


 Primeras rampas por el Camino de la Dehesa

 Dando vistas al Pico de la Carne

Blanco manto
Frío intenso
Silencio y paz

Grupo en la solana
Sol acariciante
Tibio bienestar


La vereda se vuelve más empinada

El camino que vamos dejando atrás

Duros repechos hasta la cumbre

Rocas curiosas

Duro repecho
Esfuerzo arduo
Lento avanzar

En la cumbre

Grupo en el Trevenque (2.079 metros)

Nido de águilas
Diáfano horizonte
Blanca inmensidad

Bajando del Trevenque

Luces y sombras

Carlos y el Trevenque

Carlos y Antonio en la nieve

Bajo un gran pino

Pinos añosos
Sombra evitada
Juegos nivales

La Cortijuela

Fuente fresquita
Rojos cantiles
Nueva ascensión

Bajo los tajos coloraos de La Cortijuela

Con la nieve sobre los tobillos

Nieve crujiente
Engañadora
Pasos costosos

Comida

Pico del Trevenque al atardecer

Luz de atardecer
Piernas cansadas
Umbría helada

Guía excelente
Amena charla
Regalo final

Vinos